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#3 El alto rendimiento con condiciones bajas también es competir en desventaja

Escrito por Camila Norigea . Abril del 2026.
Hay algo que ya no se puede seguir naturalizando en el fútbol femenino de Primera A, muchas jugadoras no solo entrenan y compiten, también sostienen una vida atravesada por el desgaste constante.
Porque no es solo no tener auto. Es levantarte temprano, combinar colectivos o trenes, viajar más de una hora para llegar a entrenar y hacerlo ya cansada. Es arrancar la práctica con el cuerpo cargado antes de que el entrenamiento siquiera empiece. Y ese cansancio no figura en ningún GPS, ni en ningún informe físico. Pero está. Esto es claro el cuerpo no distingue de dónde viene la carga. Si no está planificada, peor. Porque no se controla, no se mide y no se recupera. Entonces se acumula. Y lo que se acumula, impacta. En el rendimiento, en la toma de decisiones, en la fatiga y también en el riesgo de lesión.
Después está la comida. Depender de una vianda del club no es un detalle menor. Es no poder decidir cómo alimentarte según lo que necesitás. Es no saber si esa comida alcanza para sostener el entrenamiento del día. Es limitar algo que en el alto rendimiento debería estar completamente cuidado.
Y el descanso tampoco queda afuera. Vivir en pensiones con varias jugadoras implica compartir espacios, rutinas, horarios. Dormir no siempre es descansar. Y sin descanso real, no hay adaptación posible al entrenamiento.
Porque mientras en el fútbol masculino el foco está puesto casi exclusivamente en rendir, en el femenino muchas veces el foco está dividido. Hay que rendir, sí, pero también hay que ver cómo llegar, qué comer, cómo descansar. Hay que organizar la vida para poder entrenar. No al revés.
Y eso genera algo que pesa todos los días un estrés que no se ve, pero que está. No es el del partido. Es el de la rutina. El que te acompaña en el viaje, en la casa, en la mesa. El que no te deja desconectar.
Competir en estas condiciones no es solo jugar al fútbol. Es hacerlo en desventaja. Y sin embargo, lo hacen igual. Entrenan, juegan, compiten. Pero no alcanza con reconocer el esfuerzo. Porque el problema no es la falta de compromiso de las jugadoras, sino las condiciones en las que ese compromiso tiene que sostenerse.
Si de verdad se quiere hablar de alto rendimiento, no puede ser solo puertas adentro de la cancha. Porque lo que pasa afuera también juega. Y hoy, muchas veces, juega en contra.
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