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#1 La desigualdad en el fútbol femenino argentino, una mirada crítica sobre nuestro futbol actual.

Escrito por Esperanza Viappiani. Abril del 2026.
¿Qué estamos esperando para poder acelerar el proceso de crecimiento de nuestro fútbol local? ¿Hasta cuándo vamos a seguir diciendo, tranqui… “el fútbol femenino va creciendo de a poco”? ¿Cuántos años más tienen que pasar para empezar a replicar lo que hacen las grandes ligas europeas?
En 2019, el fútbol femenino se “semi” profesionalizó en Argentina. Desde ese día, la esperanza de que algunas cosas empiecen a cambiar fue enorme. Hoy pasaron exactamente 7 años y, a veces, incluso parece que haya sido ayer. No por una cuestión de que “la vida pasa muy rápido”, sino porque los cambios, las condiciones y la brecha son casi las mismas que en 2019.
Siete años en los que algunas cosas mejoraron, como la licencia por maternidad, la obra social o la participación de las mujeres a temprana edad. Pero en otras no fue el caso. La gran desigualdad estructural de los clubes (condiciones de las canchas, de los espacios deportivos, vestuarios, incluso los estadios o los días de partido, que se siguen jugando en predios de entrenamiento al igual que infantiles y juveniles) aún es precaria en comparación con el fútbol masculino del mismo club.
La cantidad de tiempo destinado a entrenar, viajar y competir es la misma que en el fútbol masculino, pero las condiciones son exactamente lo contrario. Son muy pocos los clubes que realmente hacen un esfuerzo por asemejarse a las condiciones del masculino; en su gran mayoría, no es el caso.
Tras 7 años, y aún en abril de 2026, los clubes no están obligados a mantener a todo su plantel con un contrato semiprofesional, que, por cierto, tiene un mínimo de 786 mil pesos argentinos (aunque algunas cobran más). Son 15 los contratos mínimos obligatorios y las que no entran dentro de ese número, lamentablemente hoy cuentan con un simple viático.
Los estadios principales de los clubes aún no son tenidos en cuenta para el fútbol femenino. Son pocos los casos en los que se abren o se habilitan para jugar contra algún rival importante; fuera de eso, los predios de entrenamiento suelen ser los elegidos.
Los horarios y la programación de los partidos quedan a disposición del club y del streaming (que, por cierto, no siempre funciona bien o tiene problemas técnicos). Generalmente se programan hasta cuatro partidos en el mismo horario, muchas veces en franjas laborales como las 11:00 o las 15:00.
Así está hoy nuestro fútbol. La situación, a veces, es alentadora pensando en los próximos años, pero también es crítica en la actualidad.
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